Una tarde de semana, mientras esperaba a mi hija de sus clases de ballet tomé mi cámara reflex y me puse a fotografiar todo cuanto quería. Me encontraba en el estacionamiento por lo que no había gran cosa que fotografiar allí, hasta que me fijo en esta escalera de metal cubierta por una serpentina, si, esa que vino a sustituir los alambres de púas. Vista desde abajo parecía tener un diseño bastante interesante así que hice la foto. El asunto fue que al día siguiente la serpentina ya no estaba y la escalera había sido clausurada con una especie de portón de metal cerrado con candado. ¿Tanto trabajo por una foto? Eso nunca lo sabré, puede haber sido pura casualidad que un día después de mi foto hayan removido la serpentina.

Otro día, en el tren urbano, a unos compañeros de Fotografía 101 y a esta servidora, no nos permitieron hacer fotos por el tipo de cámara que llevábamos. Después del 11 de septiembre, decían los guardias de seguridad, hay restricciones nuevas. Podría seguir mencionando muchas más ocasiones en que esto me ha sucedido y cada vez está relacionado al tipo de cámara que llevo.

La ironía es que otras personas van con sus digitales compactas y pueden hacer las fotos sin ningún problema. Como si hoy día las compactas no fueran capaces de hacer fotos de igual calidad que una DSLR. Porque si yo quisiera hacer fotos de un lugar con propósitos “maquiavélicos”, como ellos piensan, yo no llevaría mi Canon que con todo y objetivo difícilmente la podría esconder debajo de mi abrigo. No que va, de seguro llevaría una compacta y me aseguraría bien de que fuera una muy buena, que pudiera hacer fotos con poca luz, de fácil y rápido manejo, en fin, la cámara perfecta como para sentirme cual espía rusa de la KGB.